CDMX 2 de junio del 2021.-Una investigación sobre usos y costumbres durante el Porfiriato fue la inspiración del maestro Erick Campos para crear La Catrina, montaje dancístico clásico en el que, a través de una historia de desamor, invita al espectador a reflexionar sobre la discriminación, el racismo y la violencia de género.

Tras su estreno en el Centro Nacional de las Artes (Cenart) en abril pasado, ahora el montaje podrá ser disfrutado en línea los días 5, 6, 12, 13 y 19 de junio, a las 13:00 horas, como parte de la programación virtual en el marco de “Contigo en la distancia” de la Secretaría de Cultura y del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), a través de la Coordinación Nacional de Danza.

En entrevista, Erick Campos, quien fuera primer solista y maestro de la Compañía Nacional de Danza, comentó que la agrupación que dirige surgió hace seis años con un cuerpo de baile de más de 30 intérpretes. “Me siento contento de que se apoye esta pieza porque es un gran trabajo en equipo y nos alegra que nos permitan compartir esta obra”.

El maestro invitado de la École Supérieure de Ballet du Québec, en Montreal, Canadá, de 2007 a 2010, se refirió a la esencia de su obra: Me llamó la atención la diferencia de clases sociales durante el Porfiriato y elaboré una historia que vinculé con el Día de muertos.

Sobre el nombre de la obra, aclaró que son aspectos circunstanciales, porque La Catrina tenía otro simbolismo en la época a la que hace referencia: “En ese entonces era una imagen de protesta, de lucha de la sociedad. Se utilizaban las calaveras para mostrar el descontento; había gente pobre que moría de hambre y la manera de manifestarse contra el gobierno era mediante el uso de esta imagen”.

En el ballet, las catrinas simbolizan los demonios del protagonista, revelan su impotencia y desesperación por no haber actuado como él quería para defender el amor, detalló.

La obra narra el amor que surge entre dos personajes separados por las diferencias sociales: él es hijo de un hacendado y ella es una niña mestiza huérfana. Cuando los dos se reencuentran como adultos, son víctimas de las circunstancias sociales.

Acerca de la lectura que quiere compartir con el público, detalló: “En esta pieza mostramos los estigmas sociales que dictan los adultos, ya que los niños no saben de esas diferencias. A partir de la historia de los protagonistas se invita al espectador a reflexionar sobre lo que se vivía en 1870 y en este 2021. Prácticamente vivimos las mismas problemáticas de discriminación, racismo, violencia de género. Cierto que la sociedad ha evolucionado, pero en algunos aspectos aún hay temas pendientes”.

Finalmente, comentó que las funciones virtuales permiten llegar a gran cantidad de personas, ya que en un teatro el público es reducido. Si bien los espectáculos en vivo siempre van a tener otro impacto, su propuesta, al ser presentada a tres cámaras permitirá que tengan la sensación de estar en el teatro, “sentirán que están en esa montaña rusa de emociones que provoca la obra”.

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