Alguien me lo planteó: ¿Qué maratonista a punto de llegar a la meta voltea a ver si el del segundo lugar le va a meter el pie? Pues eso precisamente es lo que pasa con el proceso electoral en Coyoacán.
El que se dice seguro ganador, acusa que el de atrás le quiere arrebatar su «triunfo».
A nueve días de que se den las elecciones más grandes en la historia del país, en Coyoacán la desesperación lleva al candidato perdedor de Morena-PT, Carlos Castillo, a inventar una supuesta campaña en su contra para detener su llegada a la meta.
El tema es que no se ha dado cuenta que la meta ya le queda muy lejos desde hace varias semanas.
La guerra en las campañas electorales es algo común. La denostación, el desprestigio, las acusaciones mutuas, las pruebas inventadas, los testimonios armados y muchas otras estrategias son usadas por todos los partidos. Sí, por todos.
Lo hemos visto en campañas presidenciales, en campañas estatales y ajenas a esas estrategias, no son las campañas locales. Así ocurre en la Ciudad de México en donde Víctor Hugo Romo acusa a Tabe y este le revira con pruebas en la cara del morenista; lo mismo pasa con Lía Limón en Álvaro Obregón en donde Santillán no halla como lavarle la cara y taparle las tranzas a Layda Sansores.
En Coyoacán no es extraña la reacción de Carlos Castillo. Es la segunda vez que cae en la desesperación. Es la segunda ocasión en que su angustia lo traiciona y obliga a su equipo a hacer un video -como de señor en su vetusta biblioteca (solo le faltó el alborboz y la copa de cognac)- donde hace una denuncia con imputaciones en las que no presenta una sola prueba.
Dice tener personas infiltradas en la campaña de su adversario, con lo que tácitamente reocnoce que es él quien incurre en el juego sucio.
Pero mire, estimada lectora, lector, acepte usted un reto breve: vaya y visite las redes sociales de ambos aspirantes y verifique quien se la pasa de queja en queja y quien de propuesta en propuesta. Juzgue usted. Nadie mejor que usted para tener una opinón.
A prácticamente una semana de que acaben las campañas electorales, Castillo Pérez se inventa una tragicomedia que trae a colación otras quejas memorables de otras campaña, como aquella intervención de Francisco Labastida cuando citó todas las descalificaciones que le hizo Vicente Fox en el 2000.
Algo similar ocurre con Carlos Castillo que ahora dice tener más de 10 puntos de ventaja pero se nota demasiado preocupado por el segundo lugar, no vaya a ser que lo alcance y rebase con la “guerra sucia” que dice emprendieron en su contra. Nada más falso.
Inventarse enemigos, inventarse “complós”, inventarse tragicomedias, vende, pero no cambia el sentido del voto. El morenista lo ratificará en las urnas. El que no lo es, también lo dejará claro cuando vote.
Lo cierto es que las simpatías de Morena han ido decayendo. ¿En qué medida? Pues ahí están los estudios de cómo le ha ido a las autoridades implicadas en la caída de la Línea 12 del Metro. Súmele la inflación, el aumento de precios en los productos de la canasta básica y el aumento en el precio de la gasolina.
El ciudadano lo sabe, lo siente en el bolsillo.
Venir a inventar historias no va a cambiar las tendencias de casi dos meses a 9 días de la elección. La moneda está en el aire, pero la suerte está echada también. Por cierto, qué video tan malo…hasta como que huele a naftalina. ¿Así como su biblioteca estará de moderna la alcaldía? Ups.

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